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Decidir qué vestir tal vez no erradique el daño al planeta, sin embargo, puede reducir el impacto negativo. Ahora bien, vestir se resume a dos cosas: consciencia o contaminación, tú eliges.

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Eres lo que vistes: consciencia o contaminación

05 de junio, 2019 - Guadalajara, Jalisco
Kimberlyn Flores, Daniela Herrera, Felipe Padilla
Reportaje. Producción y consumo responsables

Ni llevar bolsa reusable al supermercado, ni usar la copa menstrual, ni dejar de usar popotes y mucho menos el separar la basura, harán que la industria de la moda deje su lugar a nivel mundial como una de las industrias más contaminantes. Ser consciente del daño al medio ambiente es una verdad a medias cuando la vida cotidiana no asoma una realidad: vestir es casi lo mismo que tirar desechos químicos a los ríos.

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La expulsión de aguas residuales, la falta de materia prima orgánica y biodegradable, el uso de materiales químicamente tóxicos para el medio ambiente así como para el ser humano; son las principales causas de contaminación dentro de la industria textil y del vestido. Dicha situación ha provocado la creación de movimientos como Fashion Revolution, acción que busca una producción opuesta a estas prácticas.

“Hilos Tóxicos”, investigación realizada en 2012 por GreenPeace International, explica que en México la industria de la moda ocupa el cuarto lugar como la de mayor fabricación a nivel nacional y el mismo como proveedor para Estados Unidos, aunado a esto, es uno de los principales productores de mezclilla a nivel mundial. Sin embargo, su relevancia dentro de esta industria sigue sin condicionar a las marcas nacionales para una producción ética y responsable con el contexto medioambiental y social.

El resultado de dicha investigación, fue el descubrimiento de químicos dañinos para la vida marina en las aguas residuales que terminaban en el Río San Pedro, Aguascalientes, para posteriormente llegar al Río Santiago, el río más contaminado de todo México según la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA, 2015); y en el Río San Juan en Querétaro; así como la falta de cumplimiento de normas ambientales en el país.

El activismo ambiental y social ha llevado a la búsqueda de alternativas sustentables para la industria de la moda. Las grandes marcas de la fast fashion, se han visto encajonadas a brindar transparencia con sus procesos de fabricación; y los pequeños emprendedores se han unido: la moda sostenible los enlaza con el fin de preservar los recursos que se utilizan y disminuir el daño causado al planeta, así como brindar un empleo digno a quienes laboran en ella.

Fast fashion: su traducción al español es "moda rápida". Esto se refiere al consumo masivo de prendas que no tiene una conciencia sostenible.

Diseñar, producir y vender con ética responsable

Ahora bien, ¿cómo se está combatiendo dicha problemática? La respuesta: moda sostenible. Tal término se utiliza para señalar las alternativas de producción en el sector de la industria del textil y del vestido, se define como la conciencia ambiental y social en la fabricación de cada artículo, de tal modo que el impacto negativo que genera se reduzca.

Uno de los referentes más importantes en lo que respecta a filosofía en la que se basa la moda sostenible es, Fashion Revolution, un movimiento mundial que se inspiró en el derrumbe de Rana Plaza en Bangladesh, India; un edificio dedicado a la fabricación de ropa para empresas monopólicas y que se encontraba en malas condiciones y con explotación laboral. En él, se exigen tres cosas: transparencia, sostenibilidad y ética en la industria de la moda.

Sostenible: en el contexto maquilador es cuando se utilizan materiales de la región y existe un equilibrio entre lo que se utiliza y el medioambiente.

México forma parte de los 71 países que representan Fashion Revolution. Su aporte principal es la difusión y práctica de la técnica artesanal en la industria de la moda. Además, impulsa los negocios con la misma ideología en el país y exhortan a aquellos con inquietudes de activismo en éste tema desde sus diferentes trincheras: diseñadores, estudiantes, periodistas, entre otros.

Identificar cómo, quién y dónde se hacen las prendas que cada uno porta es importante para el sistema que tiene la moda sostenible. Edith Medina, coordinadora y fundadora de Biology Studio (CDMX) señala que la acción pro-ambiente desde la industria manufacturera debe ser, todo lo que ello incluya:

“Creamos panoramas en los que pensar los diversos elementos que se involucran cuando decides diseñar, pensar o modificar la producción material, construyen una cultura material y sus variantes: producción, consumo, distribución, desecho”.

Jalisco como industria textil

El Consejo de la Moda en Jalisco, asegura que el valor de este estado representa el 30% del valor total del país en materia de moda, es decir, la moda en Jalisco tiene un valor de 44 mil millones de pesos. Por otra parte, la Revista Strategos asegura que Zapotlanejo, San Miguel el Alto, Villa Hidalgo y Ayotlán son los principales municipios con unidades económicas dedicadas a la producción de dicha industria.

Ayotlán, municipio de la región de los Altos de Jalisco, se caracteriza por ser un municipio encargado de la fabricación, distribución y venta de ropa, lo que a simple vista se ve en el sitio de ventas ubicado en la entrada de la localidad. Datos obtenidos en un sondeo realizado en Ayotlán arrojaron que solo tres personas de los 61 consumidores que participaron saben lo que es la moda sostenible.

Al respecto, esta gráfica de resultados demuestra las variantes por las cuales los consumidores eligen comprar ciertas prendas. En la posición más alta, se encuentra el gusto, elegido por 32 personas y en segundo lugar se encuentra el precio elegido por 12. En último lugar se encuentra el inciso que compete al material: el algodón, elegido por dos personas, una de ellas con noción de lo que es moda sostenible.

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Ante esto, es necesario hablar del consumidor consciente. El consumidor consciente es una de las 10 tendencias mundiales de consumo de 2019 según el estudio realizado por Euromonitor International. Este consumidor se preocupa por lo que consume y cómo lo producen las marcas, pues busca obtener sus productos o servicios de una forma sostenible.

A propósito, el texto “ODS 12: Producción y consumo responsable” del Instituto Mexicano de la Juventud explica que los hábitos de consumo y producción son también reflejo de una sociedad, por lo que asegura que es necesario asumir responsabilidades mientras exhorta a: “... ser observadores permanentes de que las grandes compañías sean responsables con el medio ambiente y ser la voz para que se fomente la adopción de nuevos estilos de vida sostenible”.

ODS12: es uno de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible referente a la producción y consumo responsable.

Alternativas Sustentables Tapatías

En Jalisco, la filosofía que conlleva la moda sostenible ha empezado a generar eco entre sus diseñadores: hay marcas que ya tienen años asentados en el área como Fuego Azul, derivado de Colores de la Tierra; y existen otras que apenas van en sus primeros pininos como el caso de KAYA Reuse & Recycle; también cabe resaltar que hay proyectos con la misma filosofía que no están establecidos como empresa pero que siguen ofreciendo algún tipo de servicio o idea.

“Cada vez hay más diseñadores que se empiezan a ocupar en ello, no sé si por asuntos de moda, mucha gente lo hace porque “¡Ay claro! Está en tendencia la moda sostenible” pero hay gente que verdaderamente tiene un estilo de vida ético”, menciona Alejandra Martínez, fundadora y diseñadora de Alejandra Raw Project.

Alejandra RAW Project inició con la idea de utilizar la materia prima en crudo, sin utilizar tintes o teñidos que es uno de los procesos que contraen más contaminantes según el texto “Contaminación generada por colorante de la industria textil” (2014) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), con producción artesanal y además hacerlo atemporal, de tal forma que las piezas se puedan utilizar en cualquier época, “eso es sustentable, no es cómo la ropa rápida que se hace y se acaba y ya”, mencionó.

Otro de los puntos que caracterizan a dicha marca es el interés en las condiciones de trabajo con las que se realizan cada una de las piezas vendidas, pensamiento similar a Fuego Azul: “Hay una necesidad de que la gente sepa qué está haciendo, de lo que trabaja, cómo lo hace y sus tiempos”, comenta Benedec Mendonza, fundador de la empresa, cuál trabaja con personas dentro de la comunidad wirárica en su mano de obra.

Para Fuego Azul, las características que debe tener una marca de moda sostenible son: que se venda el artículo dónde se fabrica, que pase por códigos de respeto e igualdad y que las telas así como los procesos donde se utilicen químicos generen el menor impacto negativo posible al medioambiente.

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Conocer dónde y por quién se fabricó la prenda que se porta en el día a día, es otra de las formas en la que se puede calcular cuánto contamina tu ropa: la huella de carbono indica cómo la cantidad de kilómetros recorridos desde el punto de fabricación hasta el origen de venta es el equivalente al combustible que impacta negativamente en el medioambiente.

Reusar y reciclar las prendas o los materiales con lo que se crea un diseño textil es otra de las alternativas que existen en ésta área. Kaya Reuse & Recycle, recolecta, sanitiza e interviene cada una de las piezas que vende; recurre primordialmente a lo vintage y a la segunda mano.

“La idea es que todo lo que se use sea pro-ambiente porque ya existen los teñidos orgánicos, (...) aunque de momento solo tratamos de utilizar todo lo que se considera residuo”, indica Karoll Flores, creadora de Kaya Reuse & Recycle.

Vintage: productos o accesorios que son de años pasados pero no pueden considerarse viejos y que siguen siendo atractivos para el consumidor

Por otra parte, se encuentra la empresa jalisciense Aseco, una empresa que aunque no está directamente ligada a la industria del vestido, produce textiles para la creación de productos que promocionan las marcas de sus clientes. Es decir, lo que hace que Aseco sea una empresa responsable en el contexto textil, es que utilizan materiales especiales para la reducción del impacto ambiental, un ejemplo de ello es el material nomwoven.

Éstas marcas que ajustan sus precios a su respectivo valor agregado, no son las únicas opciones que hacen referencia a la moda sostenible, sea en la perla tapatía, en cualquier otro estado mexicano o bien, en otro país: los bazares, los mercados de segunda mano, u otras posibilidades similares, vuelven accesible y cercana la práctica de éste tipo de filosofía.

Mercado en crecimiento

A pesar de que existen marcas que ya tienen algunos años, el mercado de la moda sostenible sigue en desarrollo. Diseñadores y fundadores de éste tipo de empresas concuerdan que todavía hace falta camino, o que en su defecto, hay quienes consumen este tipo de productos sin conocer el contexto en el que se producen.

“Hay muchas personas que les importa mucho la filosofía y compran en base a eso, pero hay mucha gente no le importa, (...) aunque sí, cada vez hay más conciencia en general sobre la importancia del mundo y el bienestar económico, pero hay a quienes le puedes dar el sermón más grande del mundo y no les importa”, agrega Alejandra Martínez.

La relación económica entre marca - empresa es contrastante, por un lado se encuentran los intereses de las grandes industrias y por el otro el de las personas que buscan beneficios y durabilidad de los productos: “Para las grandes industrias que quieren abaratar costos es cara y para el consumidor que se preocupa por el ambiente es un producto económico", aseguró Aseco.

Prácticamente, como lo señala Karoll Flores, la industria está atrasada en comparación a la de otros países, como los de Europa, y por ende también lo está su público - cliente. Vanessa Jiménez, una de sus ex-practicantes comenta: “El mercado todavía no está tan abierto, son mayormente gente joven que está más o menos consciente de que la práctica de la segunda mano está creciendo, pero personas más mayores tienden a hacerle el feo a la segunda mano”.

La moda sostenible ha incrementado en los últimos años tanto a nivel mundial como local, el desarrollo de dicha industria sigue en crecimiento. Los precios, la fabricación, la mano de obra de la fast fashion es más conveniente para las grandes marcas de ropa. No obstante el diseño, producción y venta del modelo slow fashion que tiene la moda sostenible posee más beneficios a largo plazo a diferencia de las colecciones de temporada de las empresas que maquilan en masa.

Decidir qué vestir tal vez no erradique el daño al planeta, sin embargo, puede reducir su impacto. Ahora bien, vestir se resume a dos cosas: consciencia o contaminación, tú eliges.

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